Guillermo me ha pedido que le escriba algo para el blog, ante tal honor y tamaña insistencia me he decidido a exponer algo que me runrunea hace tiempo, desde que decidí practicar otras artes marciales, y que entiendo es una característica que siendo diferenciadora del aikido, noto que poco a poco se va perdiendo, o quizás es sólo subjetividad mía al estar lejos del nido.
Se trata del factor psicológico: hoy en día está en boga en todas las actividades marciales y orientadas a la defensa personal, pero mientras, por ejemplo, en krav-maga, donde el factor externo y “atmosférico” es muy determinante, o en los deportes de contacto, donde los deportistas tienen preparación psicológica para el duro combate y superar al contrincante no sólo física, también mentalmente, en aikido el factor psicológico desaparece casi por completo. Se habla de superación personal, de enemigo interior, de refinación de la técnica etc, pero ni se sabe muy bien qué significa ni se dan herramientas para lograr esa “victoria” más que el entrenar un día tras otro con constancia.
No es necesario que uke te grite y te insulte cuando le haces ikkio o que el maestro te espere con el tronbocid después de entrenar a darte consejos técnicos o el que hubiera algún tipo de sparring tal como hacen en Tomiki-aikido (o tal vez si?). En mi opinión el factor psicológico que debe esgrimirse en el aikido del día a día es el, sin ponernos dramáticos, “afrontar el peligro”, es decir, pensar y actuar como si tu próxima técnica pudiera ser la última, el saber que si no puedes reconducir esa energía que te llega en forma de ataque, el uke, va a acabar contigo, el pensar que ese bokken no sólo puede ser de metal, sino que te puede partir en dos. Para eso es importantísima no sólo la actitud de tori sino también la de uke,
Es corriente ver compañeros abatidos incluso antes de golpear a su ficticio contrincante, las manos bajas o abriendo huecos en la defensa enormes y visibles hasta para los ojos poco experimentados, con medio cuerpo muerto, condescendientes con la actitud de tori, la mirada perdida o demasiado fija, obedientes a cualquier cambio mínimo en la dirección de la fuerza para saltar cual saltamontes en verde prado complaciendo el ego de su compañero.
Uke no sólo nos debe prestar su cuerpo, sino que además debe interpretar su papel de malote de la película para que tori progrese ejecutando buenas técnicas. Al fin y al cabo el 90% del entrenamiento son kata por parejas, y sin esa actitud se corre el peligro de convertirlas en ejercicios vacíos de significado marcial.
Tal vez miles de repeticiones puedan no ser suficientes, o quizás las formas de entrenamiento debieran modificarse, pero sin ese peligro que haga a nuestras tripas sufrir (cerebro frío, tripas calientes) aunque sea engañándole, la técnica se queda en coreografías sin sentido.
Powered by Gabriel Ferrera




